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Entrevista

25/07/2005 - 08h31min

CYNTHYA - Este vehículo de Internet, un grupo de discusión patrocinado por la CEPA, ha atraído a espíritas de diferentes partes del mundo y especialmente de Brasil, que poco o nada conocen de la historia y del pensamiento de la Confederación Espírita Panamericana. Ellos preguntan qué es la CEPA, cuál es su historia y cuáles son sus objetivos, y muy particularmente, cuál es la relación histórica de la CEPA con el movimiento espírita brasileiro, ya que apenas desde hace poco tiempo están escuchando sobre ella dentro del movimiento espírita de Brasil. Podría usted Milton, aclarar brevemente esos puntos?
MILTON - Bien, la CEPA, Confederación Espírita Panamericana, fue fundada en 1946, en Buenos Aires, Argentina, con el propósito de congregar al movimiento espírita de América, que no poseía ningún organismo panamericano con esa dimensión. En esa época, Brasil ya contaba con un movimiento espírita fuerte, bajo la coordinación de la Federación Espírita Brasileira, fundada en los años finales del siglo XIX. Pero, la FEB nunca participó formalmente en la CEPA, pues siempre sustentó una visión marcadamente religiosa del Espiritismo, no enteramente coincidente con la visión científica, filosófica, inspiradora de una moral laica y librepensadora que caracterizó a la CEPA desde su fundación.
La ausencia formal de la FEB en la CEPA, no significó, sin embargo, la ausencia de Brasil en la Confederación. Desde su primer Congreso, cuando se fundó, intelectuales espíritas contribuyeron eficazmente en la formación y en la trayectoria de la CEPA, especialmente a través de una institución que hoy ya no existe que fue la Liga Espírita de Brasil. Y fue exactamente en Rio de Janeiro, promovido por la Liga Espírita de Brasil, que se realizó el II Congreso Espírita Panamericano en 1949. En él participaron personalidades como Aurino Barbosa Souto, Deolindo Amorim (quien fue el Secretario General del Congreso), Arthur Lins de Vasconcellos, Carlos Imbassahy, Lauro Sales, Francisco Klörs Werneck, Campos Vergal, Leopoldo Machado y Delfino Ferreira. Este último fue elegido Presidente de la CEPA en ese Congreso.
Una de las conclusiones del II Congreso versó exactamente sobre la "cuestión religiosa" y se expresó en estos términos: "Considerando que la religión es materia del fueron íntimo, no pudiendo, por lo tanto, ser determinada por normas y reglas humanas; considerando que todavía no existe unanimidad en cuanto a la manera de interpretar el Espiritismo frente al problema religioso, el Congreso no establece normas al respecto y resuelve dar plena libertad en ese sentido, afirmando, entre tanto, los aspectos científico y filosófico del Espiritismo, según la Codificación de Allan Kardec, teniendo por base moral las enseñanzas de Jesús...".
CYNTHYA - Esa posición bastante plural y abarcante, según parece, ya disentía de las posiciones de la FEB, que, a esa altura, ya tenía como principio firmemente establecido el llamado triple aspecto del Espiritismo: ciencia, filosofía y religión, con fuerte predominio de este último. No es así?
MILTON - Es verdad. Por eso, y especialmente, por la convicción asumida por la FEB, presente en el libro "Brasil, Corazón del Mundo y Patria del Evangelio", de que Brasil tendría esa misión divina de conducir y coordinar el movimiento espírita mundial, la FEB históricamente siempre mantuvo su distanciamiento de la CEPA. De seguidas, el llamado "Pacto Áureo" (un gran movimiento de unificación del movimiento espírita, comandado por la FEB, y que, casualmente, fue suscrito aprovechándose la presencia de líderes espíritas en el Congreso de la CEPA en Rio de Janeiro, en 1949) terminó por decretar el fin de la Liga Espírita Brasileira, que, en el proceso de unificación resultó debilitada. Desaparecida la Liga, la CEPA quedó sin base en Brasil. A pesar de eso, de ahí en adelante, la CEPA siempre buscó una relación fraterna con la FEB, invitando sistemáticamente a sus dirigentes, quienes se hacían presentes en la mayoría de los Congresos Espíritas Panamericanos promovidos por la CEPA.
CYNTHYA - Pero, hubo un enfriamiento de esas relaciones a partir de un determinado momento. Cuándo ocurrió eso?
MILTON - Bien, en el inicio de la década de los 90, bajo el impulso de la FEB se creó el Consejo Espírita Internacional (CEI), que pretendió, siguiendo una clara inspiración evangélica de nítida factura febiana, coordinar y unificar el movimiento espírita internacional. A partir de ese momento, explícitamente, la FEB pasó a mostrar su desagrado con la presencia de la CEPA en el movimiento. Esa situación tuvo su punto culminante en 1994, cuando la CEPA promovió algunas actividades procurando concretamente crear una base más fuerte en Brasil. Presidía entonces la CEPA, el venezolano Jon Aizpúrua, quien envió una circular al movimiento espírita brasileiro (el cual, a esa altura conocía muy poco de la CEPA) clarificando las posiciones doctrinarias, nítidamente kardecistas y librepensadoras de la Confederación, y convidando a los espíritas brasileiros y a las instituciones que concordasen con sus históricas proposiciones a que ingresasen en la CEPA, como instituciones afiliadas, adheridas, o también, que los espíritas con esa visión, se asociasen personalmente a la CEPA. La FEB reaccionó indignada ante esa manifestación de la CEPA. En un editorial publicado en "Reformador", en septiembre de 1994, calificó la Circular de la CEPA como un intento de "dividir al Movimiento Espírita brasileiro", que "representa una intervención indebida, indigna de las prácticas doctrinarias, que hiere los principios éticos más elementales de unión y de fraternidad".
CYNTHYA - Intervención ? División ? Pero, siendo la CEPA un organismo panamericano, creado con el fin específico de congregar al movimiento espírita de las Américas, no estaría en su legítimo derecho y hasta en la obligación estatutaria de buscar la adhesión formal de instituciones espíritas en todo el Continente?
MILTON - La FEB dejó claro que no veía legitima la actuación de la CEPA en Brasil, como diciendo que era su territorio exclusivo. Después, en un editorial, todavía más incisivo, publicado en "Reformador" de noviembre de 1994, con el título de "El trigo y la paja" (el trigo serían los "espíritas cristianos" y la paja los demás) así se expresó: "Hace poco el Movimiento Espírita brasileiro sufrió una injustificable agresión, proveniente de una institución que pretende liderizar el movimiento espírita en las Américas, pero que actúa de forma antiética y autoritaria en la defensa de una interpretación restrictiva de la Doctrina".
Ahora, es evidente que, con esas manifestaciones, las relaciones entre la CEPA y la FEB se tornaron muy delicadas. En ese punto, ya diversas instituciones espíritas brasileiras se estaban adhiriendo a la CEPA y que aquí se realizaría el Congreso Panamericano del 2000, en Porto Alegre, donde tuve la honra de ser elegido Presidente. Con algunos meses de antelación, el Presidente de la Comisión Organizadora del Congreso, Salomão Jacob Benchaya, envió una amable carta al Presidente de la FEB, invitándole para aquel evento, que tendría como tema central : "Debe el Espiritismo actualizarse"?. Su presidente de entonces, Juvanir Borges de Souza, respondió la carta, agradeciendo la invitación, pero, diciendo que la FEB no comparecería a un congreso que pretendía actualizar el Espiritismo, tarea para la cual sólo tendrían legitimidad, según el entendimiento de la FEB, los "Espíritus Superiores". En la misma oportunidad, la también convidada Federación Espírita de Rio Grande do Sul, reaccionó con una circular al movimiento espírita de Rio Grande do Sul recomendando que no se compareciese al Congreso.
CYNTHYA - Se ve, entonces, que, por lo menos, dos puntos quedan bien claros en cuanto a las divergencias doctrinarias entre la FEB, y con ella el movimiento espírita evangélico de Brasil, y la CEPA. Primero, que la CEPA no considera al Espiritismo como una religión, a diferencia de la FEB, para quien el Espiritismo fundamentalmente tiene un carácter religioso, y segundo, que la idea de actualización, defendida por la CEPA en sus últimos eventos (Porto Alegre y São Paulo) también es rechazada por la FEB. Es así?
MILTON – Sin embargo, para nosotros en la CEPA, no nos parece que esas cuestiones sean tan fundamentales que no puedan ser objeto de discusión y mucho menos que justifiquen la división entre los espíritas.
Vea bien, en la cuestión de religión, Kardec fue muy claro al especificar que "el verdadero carácter del Espiritismo es el de una ciencia y no el de una religión". En su famoso Discurso de Abertura, pronunciado el día 1 de noviembre de 1868, en la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas, Kardec admitió que "el Espiritismo es una religión en el sentido filosófico", para, más adelante, hacer él mismo la siguiente indagación: "Por qué, entonces, afirmamos que el Espiritismo no es una religión?". Siguen, después, argumentos muy fuertes, mediante los cuales Kardec enfatiza que no conviene que el Espiritismo se declare una religión. Discurre largamente acerca de lo que el pueblo entiende por religión, que no consigue desvincular de cultos, de sacerdocio organizado, de sistemas cerrados de creencia, cosas que el Espiritismo no tiene y no es. Entonces, por una cuestión de estrategia, y por fidelidad a su objeto de estudio, que se aparta del mundo cerrado del fideísmo, para insertarse en el campo abierto de la ciencia, de la filosofía y de la ética, Kardec recomendó que no tratásemos al Espiritismo como una religión. Él mismo, cuando el Padre Chesnel calificó al Espiritismo como una nueva religión, protestó vehementemente al abad, diciendo que era el sacerdote quien estaba asignando al Espiritismo un nuevo camino, que nunca fue pensado antes por el Espiritismo.
Delante de todo eso, la CEPA adopta esa posición histórica, que es genuinamente kardecista, y que no aparta al Espiritismo de la moral de jesús, reconocido como modelo y guía de la humanidad. Incluso así, sentimos un gran respeto por pensadores espíritas, especialmente brasileiros, que consideran al Espiritismo como una religión, pero que tienen de la religión un concepto filosófico, no sectario, que no diviniza a Jesús y no lo coloca en la posición del mito, medio dios y medio hombre, como lo hacen los roustainguistas. Ese concepto superior de religión es bien comprendido por la CEPA, mismo defendiendo el carácter laico del pensamiento espírita, que consideramos espiritualista y no religioso. Pero, esos son detalles semánticos, que no llegan a ser fundamentales, aun cuando sean institucionales. Atienden a una necesidad de precisión terminológica, firmemente recomendada por Kardec. No son cuestiones, por lo tanto, que nos deban separar de los otros espíritas, que tienen una visión diferente de la nuestra, pero que albergan las mismas convicciones en los puntos esenciales de la doctrina espírita: existencia de Dios, como inteligencia suprema y causa primera de todas las cosas; inmortalidad y comunicabilidad de los espíritus; pluralidad de los mundos habitados; pluralidad de vidas; ley de causa y efecto; consecuencias morales y éticas derivadas de esos conocimientos.
De nuestra parte, no hay ningún obstáculo a una buena relación con todas las corrientes espíritas, al trabajo conjunto, respetando el pluralismo de ideas, y guardando la unión y la unidad en torno de lo esencial. Kardec mismo previó que el Espiritismo tendría esos matices diferenciados que le darían perfiles diversos en diferentes partes del mundo, preservándose la unidad en torno de los principios esenciales que, en aquel mismo discurso (Revista Espírita, diciembre de 1868) él sintetizaría en lo que llamó “credo espírita”.
CYNTHYA – Y la cuestión de la actualización del Espiritismo, bandera que ha sido enarbolada últimamente por la CEPA, y que también generó incomprensiones y críticas por parte del movimiento espírita llamado religioso o evangélico?
MILTON – También aquí, estamos delante de un procedimiento típicamente kardeciano, expresado claramente por Kardec cuando afirmó: “ Marchando paso a paso con el progreso, el Espiritismo jamás será rebasado, porque si nuevos descubrimientos le demostrasen que estaba errado en cierto punto, él se modificará en ese punto y si una nueva verdad se revelase, él la aceptará” (“La Génesis”). La CEPA, desde su primordios, también levantó la bandera de la actualización permanente. El artículo 4 del Estatuto que trata de sus objetivos proclama como uno de ellos (letra b): “Propender a la revisión periódica de la doctrina, para adaptar sus postulados científicos, filosóficos y morales a las exigencias del momento y definir su posición con respecto a las distintas corrientes del pensamiento moderno, de acuerdo con su carácter fundamentalmente evolucionista”.
Entonces, esa es una vocación que se hizo expresa y que se convirtió en programa de acción de la CEPA desde su nacimiento. En los últimos eventos, especialmente en el Congreso de año 2000 en Porto Alegre (Tema: “Actualizar para permanecer”) se dio énfasis a ese carácter progresista del Espiritismo, con decenas de trabajos que vinculan los postulados básicos espíritas a temas epistemológicos, de lenguaje, de actualización científica, etc. Ese es un trabajo permanente en la CEPA y que, evidentemente, no queremos que quede restringido al ámbito de la CEPA, sino que aspiramos a contar con el apoyo, la participación y la interlocución con todos los segmentos del pensamiento espírita.
CYNTHYA – Esa parece ser una característica muy fuerte de la CEPA: su disposición a la interlocución con las más amplias áreas del pensamiento y del movimiento espírita. Es una institución que expresa mucha claridad en su pensamiento, pero que, al mismo tiempo se abre al diálogo, al pluralismo, a la alteridad. Es difícil mantener esa política?
MILTON - Realmente no ha sido muy fácil. Y, ella es muy sincera y honesta. Parte de un sentimiento de mucho respeto que tenemos por todos los segmentos del pensamiento y de la organización espírita. Las dificultades que antes hemos relatado en las relaciones con la FEB o con otras entidades federativas en Brasil y en los demás países de América, jamás han partido de nosotros. Como no podría dejar de ser, sentimos un respeto muy grande por la FEB y por todo el movimiento espírita que ella coordina y lideriza, no sólo en Brasil sino en todo el mundo. Sin la acción de la FEB, el Espiritismo no tendría el significado que ha logrado entre nosotros y no sería lo expresivo que es. Pero, poseemos una visión diferente en algunos aspectos conceptuales y organizacionales.
A diferencia del temor a veces expresado por algunos sectores evangélicos del Espiritismo, no estamos en búsqueda del poder. La CEPA hoy, más que nunca, no se comporta como una “confederación” en procura de adhesiones de federaciones y centros espíritas. Es, claramente, un movimiento de ideas. El momento que vivimos, pensamos nosotros, no se compatibiliza más con los ideales de inicios del siglo pasado, cuando en el movimiento espírita la palabra de orden era “unificación”. El Espiritismo constituía, entonces, un movimiento incipiente, con enorme influencia religiosa, católica, y que tendía a un sincretismo afro-cristiano. Eran necesarias instituciones con un carácter bastante normatizador, con propósitos básicos de orientación. Hoy, el Espiritismo, en Brasil y en América, es un respetable repositorio de conocimiento, donde participan pensadores, intelectuales, estudiosos de las más diversas áreas del pensamiento, conectando esos conocimientos con los presupuestos espíritas. Hay centenares de instituciones, que han madurado por el estudio, por la investigación, que no caben más en ese modelo de subordinación a una orientación central. Por eso, la CEPA no orienta sino que congrega. Estimula el estudio y la pesquisa. Promueve eventos culturales: congresos, conferencias, simposios, que no son torneos de oratoria de algunos “ungidos”, sino foros de discusión, de debate, de intercambio de experiencias.
Y así, abandonamos poco a poco la idea de la unificación, sustituyéndola por un fuerte sentimiento de unión. La unión es corolario del conocimiento, de la identidad común, fundada en los principios básicos que deben formar ese “lazo” entre todos los espíritas. Ante eso, una institución que se adhiere a la CEPA no está subordinada a reglamentos de obediencia a las normas emanadas de la CEPA. Es un tipo de relación que se da por el hilo conductor de la identidad de pensamiento. Además, esas instituciones pueden, simultáneamente, pertenecer a otros movimientos federativos. Pueden establecer los vínculos que quieran con las instituciones que deseen. Son, en fin, libres, claro está, dentro de ese perfil genuinamente kardecista y librepensador.
CYNTHYA – En razón de ese planteamiento, es que la CEPA estaría por apartarse de la condición de Confederación para asumir estatutariamente otro nombre y otro formato institucional ?
MILTON – Bien, ese es un tema donde estamos buscando construir un consenso dentro de la CEPA. El próximo Congreso Panamericano, que se realizará en la ciudad argentina de Rafaela, del 3 al 7 de septiembre de 2004, incluye en su orden del día una amplia reforma estatutaria. En el contexto de lo que antes hemos explicado, hay una propuesta del Centro Cultural Espírita de Porto Alegre (CCEPA) en la cual se sugiere que la denominación “Confederación” sea sustituida por un término menos formal, que podría ser, por ejemplo, “movimiento” o “consejo”, manteniéndose, entre tanto, la denominación “CEPA”, expresión que, inclusive, coincide, tanto en portugués como en español, con el sustantivo común “cepa” relativo a la vid, y que fue un símbolo utilizado por los espíritus para caracterizar el Espiritismo, conforme se lee en los prolegómenos de “El Libro de los Espíritus”.
Una amplia consulta que hicimos a todas las instituciones espíritas, en relación con la reforma estatutaria, mostró una tendencia clara hacia un modelo organizacional más leve, liberado de cualquier resquicio de autoritarismo y contemplando además esa característica de movimiento de ideas y no más de un organismo confederativo. Pero eso será una cuestión que será definida en el Congreso de Rafaela. Permaneciendo o no con la denominación “confederación”, lo cierto es que la CEPA no tiene hoy la menor preocupación con ese objetivo de unificar el movimiento espírita. Cada vez más, nos caracterizamos como un movimiento cualificado de ideas, progresista, librepensador, horizontal, democrático, firmemente inspirado en Kardec y con una preocupación adicional dirigida hacia la unión fraterna entre todos los espíritas, independientemente de las diferentes estructuras institucionales. Unión, en nuestro parecer, es mucho más importante que unificación. Esta última trae consigo algunas pretensiones de poder, de jerarquización, de hegemonía, con las cuales la CEPA no tiene la menor relación.
CYNTHYA – Finalmente, Milton, hay otra cuestión que, según parece, asusta un poco al movimiento espírita evangélico, en general, en relación con la CEPA. Se dice que se estaría procurando desvincular al Espiritismo del cristianismo. Se comenta que eso contraría algunas afirmaciones del propio Kardec. Esa divergencia es real o será apenas aparente? En fin, qué puede haber de verdad en esa afirmación de que “la CEPA quiere excluir a Jesús del Espiritismo”?
MILTON - El sustantivo “cristianismo” y el adjetivo “cristiano”, tanto como los otros términos que Kardec recomendó que no se utilizasen debido a su ambigüedad, como en el caso de “religión”, han sufrido alteraciones en sus significados en el curso de la historia. Todavía en tiempos de Kardec era muy común que se hablase de “cristianismo” y de “cristiano” para designar la doctrina “de Cristo”, y esta era una expresión muy usada por Kardec y los espíritus para aludir a Jesús. Por una marcada influencia eclesiástica del medio en que vivía Kardec, en la Europa del siglo XIX todavía se confundía el Jesús Hombre, con Jesús Cristo, producto de las creencias y de los dogmas cristianos.
Pero, cuando Allan Kardec habla de “Espiritismo cristiano” (expresión usada pocas veces en su obra), claramente él adjetiva al Espiritismo para vincularlo no al Jesús de las iglesias sino al pensamiento, a la moral de Jesús de Nazareth. Con respecto a esa cuestión de fondo, no tenemos ninguna objeción. La moral de Jesús es la misma moral espírita. Sin embargo, en cuanto a la forma, hacemos reparos a esa expresión, a pesar de que Kardec la haya utilizado. Bien sabemos que hay diversas expresiones usadas por Kardec que hoy están fuera de contexto.
A lo largo del siglo XX y en estos primeros años del siglo XXI, se está haciendo posible distinguir estas dos figuras:
a) La de Jesús de Nazareth, el hombre, con algunas referencias históricas que están siendo rescatadas. Que nació de la relación carnal de José y María, que tuvo hermanos y que fue un pensador fecundo, un reformador moral; y
b) la de “Jesús Cristo”, que es el mito de las Iglesias, aquel que “fue concebido sin pecado”, hijo de la Virgen María, Dios encarnado, Tercera Persona de la Santísima Trinidad, responsable por algunos dogmas y creencias que fueron tejiendo esa cultura cristiana, que hoy ya tiene 2000 años de existencia y que poco tiene que ver con el otro Jesús, el hombre de Nazareth.
Con el primer personaje, el Jesús histórico, sistematizador de un código de moral que tiene validez universal, coincidente con aquello que el Espiritismo llama “ley natural” y que es divina pero no religiosa (jamás Kardec identificó la ley natural con las leyes religiosas), con ese Jesús, la CEPA concuerda. Jamás pensó en retirarlo del Espiritismo. Es una fuerte referencia moral y ética, especialmente porque el Espiritismo surgió en el seno de una cultura donde los referenciales éticos y morales de las enseñanzas de Jesús hacen parte de nuestro patrimonio moral, como individuos y en tanto que comunidad de espíritus.
Pero, con ese Jesús Cristo, el Salvador de las iglesias cristianas, del cristianismo, tal cual este se tornó conocido, con éste la CEPA no concuerda. Y, ciertamente, ese es el que hoy identifica al “cristianismo real”. En las últimas décadas se consolidó muy bien el concepto de “cristiano” y de “cristianismo” reales. Ese concepto fue plasmado en un amplio acuerdo entre las iglesias, en el contexto de un movimiento que se ha llamado “ecumenismo cristiano” donde ha sido posible establecer el vínculo que une a los creyentes en los llamados dogmas cristianos fundamentales: el de la divinidad de Jesús, el de su condición de “único Señor y Salvador”, aquel que con su “sacrificio”, con el “derramamiento de su sangre” posibilitó la “salvación” de los hombres que en él creyesen y fuesen bautizados en su nombre. Queramos o no, nosotros los espíritas, es eso lo que identifica en la cultura contemporánea al cristianismo y a la condición de cristiano.
Ahora bien, el Espiritismo está fuera de eso. Y por eso, no es cristiano. Es casi una usurpación a una cultura de dos mil años, que fue construida lentamente hasta sedimentarse en esos principios, que pretendamos, quienes tenemos otra visión de Dios, del mundo y del propio Jesús, declararnos cristianos. Por eso es que los cristianos reaccionan, y con toda razón, cuando un espírita se dice cristiano. La reacción es la misma que nosotros muchas veces mostramos cuando un umbandista se declara espírita.
El Espiritismo es una doctrina nueva. Nació en el medio cristiano. Como todo paradigma nuevo, precisó apoyarse en el paradigma antiguo que deseó superar, para poder ser propuesto. Pero, en estos 150 años de existencia, ya podemos postular una identidad propia, que no se confunde con el cristianismo, especialmente, porque éste, también tomó su propio camino.
Por todas esas razones, diríamos como Kardec dijo en relación con la religión: no conviene que el Espiritismo se diga cristiano. Eso generaría confusión, ambigüedad y nosotros debemos ser firmes en todo aquellos que se refiere a nuestra identidad. Somos, simplemente, espíritas, y no, espíritas-cristianos.



 

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